martes, 19 de noviembre de 2013

No hay hechos, sino sólo interpretaciones.




Nietzsche plantea este aforismo en posición contraria al positivismo que plateaba solo la existencia de hechos contrastables fenomenológicamente. De una verdad absoluta e incuestionable. De un hombre acabado y racional por sobre lo animal y sensible.

A lo que sucede un concepto base de este gran filosofo como lo es la voluntad de poder, que ya en la gaya ciencia propone como algo inacabado, en continuo crecimiento que daría cuenta de la verdad como voluntad de poder, de poder hacer, como un formulado o póstumo subjetivo.

Es evidente al leer la incursión de Nietzsche  que en su pensamiento se traduce el lenguaje occidental de la modernidad. Lo devela y da cuenta de su relación y búsqueda inevitable con la psicología. Su relación con la filosofía y su interpretación sin salvedades en tanto toma de posiciones, ya no como una refutación o aseveración es lo que lo une a la psicología profunda.

Su innegable influencia en la búsqueda Freudiana y en el existencialismo, como así también en las antologías cognitivas, son parte de lo que a este pensador lo hace tan rico y trascendente en el área psicológica.

Es que se le debe todo un revelamiento de la concepción del poder y su manipulación que luego será expandida por el pensamiento de Foucault, entre otros. Una concepción de hombre y mundo mas allá de lo dado, en continuo adquirir y sin embargo atento a sus instintos más bajos y natos. Un súper-hombre que más allá de lo ad-venido se forma y desarrolla de modo sensato. Mas allá del bien y del mal, mas allá del principio de placer, mas allá de la cultura colectiva.

La psicología nitzscheniana y freudiana tienen varios puntos correlativos. Uno de ellos es  la concepción de que la sociedad oprime por medio de renuncias las pulsiones instintivas del hombre, a cambio de pertenencia y contención. Así es como lo plantea claramente Freud en un texto elemental de su desarrollo teórico : ‘el malestar en la cultura’ escrito en 1930. Esto quiere decir que, no es sino a través de renuncias incomodas y aceptación de imposiciones que se es parte de este universo hablado y re-presentado.

Una cultura que impone hechos a dichos, que valoriza la bondad (limpio y puro) por sobre lo que se considera malo (conflictivo y tanatico). La valentía, por sobre la cobardía, y así dejar a cuentas de un confesor cuestiones que implican malestares del ‘alma’, del ‘corazón’, ‘inconsciente’. Friedrich es un incursor en el desenmascarar naturalezas humanas, tendencias de eternos retornos a lo mismo con el fin de encontrarse y encontrar su verdad, la verdad que el hombre conlleva esencialmente y pugna por llevar a cabo como especie.

Situar un si-mismo que lo trascienda con su raciocinio, su destrucción, su arte y dominio. Dejando de lado una conciencia moral impuesta que angustia y a la vez libera tranquilizando en un vacío de palabras. Palabras que en si no representan, que mienten por no ser la cosa. Por lo irrepresentable de lo real, de lo que el considera el mundo de los sueños.

En su camino al desarrollo de una creencia por debajo de lo imperante, en su crítica, encuentra un consuelo que lo hace olvidar. Una producción subjetiva pero que a la vez produce una especie de calma y un dolor que en pequeñas dosis conforma la salud, el arte.

Un arte que necesita de lo dionisiaco como el descontrol de la embriaguez, de lo brutal, tanto como de lo apolíneo que emblema lo racional y el control. Así es como se transformarían representaciones que harían posibles la vida de modo metafórico hacia lo originario y natural como fuente.

La obra de Nietzsche es tan trascendente en el desarrollo de toda ciencia por haber hecho de bisagra develando un pensamiento y un hacer que recurre, connotando  las dos caras de una misma moneda, y admitiendo que ambas son necesarias.

El sentir lo subjetivo como algo que es inherente a todo desarrollo, ya sea científico, religioso o poético, que es una cuestión de individualidades más que colectividades que deberían de buscar la verdad en cada uno es lo que en mi área en particular denoto épico.

Psicología profunda de la mano de teorizaciones filosóficas, de reflexiones sociales y religiosas, científicas que sin la influencia de pensamientos tan fuertes como lo son los de Friedrich Nietzsche no nos hubieran encaminado a una mejor comprensión de los pesares humanos.





Valerie Martignon

Licenciada en Psicología



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