martes, 19 de noviembre de 2013

La Ley de Salud Mental 26.657: sus efectos en la Práctica del Psicólogo.



Una ley de derechos e inclusión.

Un cambio de paradigma que propone y promueve un camino a una salud comprendida de un modo diferente al establecido. Una salud como potencialidad individual y proceso comunitario. Comprendiendo aspectos sociales, culturales, económicos y familiares de cada individuo.
Es necesario entender el hecho de que a partir del momento de su puesta en escena no podemos mas que darnos por enterados y así atravesados por este progreso a nivel profesional y comunal.
Como psicólogos, en nuestra práctica, somos vehículos de un bienestar, de vivencias de crecimiento y muchas veces, también, somos parte de la exclusión a lo diferente. Sea en una institución monovalente como victimas, espectadores, artífices de malos tratos, de segregación y dominación, o bien, ateniéndonos a una peligrosidad asignada por un miembro de la medicina o la justicia. Estamos frente a un compromiso no solo ético si no mas bien de calidad humana total, de ser como sujeto y no como objeto, al notar que es necesario un compromiso que nos invita a invitar a otro fuera del encierro, y que sea el trabajo interdisciplinario el modelo. No es poco el vuelo de esta nueva promulgación, proponiendo lazos sociales desde una internación mas breve, en hospitales generales, un espacio que abre el panorama a mas redes de contención social. Hablar de riesgos inminentes, prohibir la apertura de hospitales psiquiátricos, los cierres paulatinos de los mismos, recalcar los derechos de acceso a historias clínicas, dejar de lado la discriminación para dar paso a la verdad de lo individual, es un acto revolucionario. Un cambio de visual desde donde nuestra profesión queda en un accionar a disposición de un órgano de revisión, tanto de las instituciones como de los vínculos y actos vivenciados dentro. Lugar de trabajo codo a codo con médicos psiquiatras, y profesionales de la salud de diferentes ámbitos, psicopedagogos, trabajadores sociales y enfermeros.
 El antiguo lazo se rompe en tanto se consideraba el hospital como un asilo, ni mas ni menos que un sistema de control social, una medicalización que tapona con fármacos lo vital de algunos ciclos inclusive. Hoy irrumpe la singularidad de la persona y la circunstancia, de su familia y el respeto a prácticas psicológicas, técnicas y comunitarias, de acompañamiento que apoyan un tratamiento y seguimiento hacia la libertad. A partir de esta promulgación nuestra labor da un vuelco a los ojos de antiguas concepciones sociales. La noción de salud y enfermedad está en manos de los que éticamente nos comprometimos a investigar, a dar información validada y de los que hablamos del ‘alma’. Así se convierte a éste en un momento histórico como oportunidad en puerta al cambio, de una apertura que nos lleva inexorablemente a la mejora en la calidad de vida de miles de damnificados. Al cambio de nuestra practica desde el momento en que somos considerados ante la ley como agentes necesarios para conformar un equipo, que en la interdisciplina podría velar por la mejora constante de un régimen y sistema desfasado de las necesidades y problematicas actuales.
Las nociones médicas tradicionales nos empantanan en una realidad hostil y homogenea. ¿Cómo podría nuestra practica darse lugar y espacio con un panorama de ese orden? La actualidad es otro cuento, comprendiendo la diversidad, dando cuenta de que esto es lo que nos enriquece y nos da pautas de cómo en nuestro saber diario, en nuestra formación continua de actualización debemos mirar y ver al otro. Un distinto que no nos da temor, si no que nos implica en un trabajo solidario hacia diferentes coyunturas y conjeturas. Sin más apartados del grupo y puestos en paréntesis por el desorden que implican a un sistema, más bien comienza a conformarse una interpretación de la realidad con matices, este es nuestro ámbito de trabajo. Las cualidades, capacidades y angustias son las que nos forman seres sociales con la riqueza que esto implica, en la con-vivencia con otro que refleja nuestras carencias y virtudes.
Es a los efectos de nuestra practica el poner el diagnostico en observación, la internación involuntaria psiquiátrica en cuestionamiento y propiciar la implementación de las nuevas reglamentaciones en la apertura de nuevas ofertas de sanidad en atención primaria, ambulatorias.
La desmanicomializacion como marco de referencia a una legalización de un nuevo concepto de hombre. Un hombre que es creativo, digno en su individualidad. Un sujeto prisionero de pasiones y capitán de historias personales y leyendas, mas allá de esto, no un paciente, no un numero de ficha, no un loco. Una historia, y en esa su vida y condición reflejadas en un porqué y varios para qué. Solo así y allí, creo que es efectiva una mirada profesional. Mejor que una mirada, varios enfoques que en conjunto también lean de diferentes modos la misma producción. Allí es pertinente la contención y el cuidado, dejando de lado el aislamiento y estigma.


Lic. Valerie Martignon
M.P. 1250

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