Una ley de derechos e inclusión.
Un cambio de
paradigma que propone y promueve un camino a una salud comprendida de un modo
diferente al establecido. Una salud como potencialidad individual y proceso
comunitario. Comprendiendo aspectos sociales, culturales, económicos y
familiares de cada individuo.
Es necesario entender
el hecho de que a partir del momento de su puesta en escena no podemos mas que
darnos por enterados y así atravesados por este progreso a nivel profesional y
comunal.
Como psicólogos, en
nuestra práctica, somos vehículos de un bienestar, de vivencias de crecimiento
y muchas veces, también, somos parte de la exclusión a lo diferente. Sea en una
institución monovalente como victimas, espectadores, artífices de malos tratos,
de segregación y dominación, o bien, ateniéndonos a una peligrosidad asignada
por un miembro de la medicina o la justicia. Estamos frente a un compromiso no
solo ético si no mas bien de calidad humana total, de ser como sujeto y no como
objeto, al notar que es necesario un compromiso que nos invita a invitar a otro
fuera del encierro, y que sea el trabajo interdisciplinario el modelo. No es
poco el vuelo de esta nueva promulgación, proponiendo lazos sociales desde una
internación mas breve, en hospitales generales, un espacio que abre el panorama
a mas redes de contención social. Hablar de riesgos inminentes, prohibir la
apertura de hospitales psiquiátricos, los cierres paulatinos de los mismos,
recalcar los derechos de acceso a historias clínicas, dejar de lado la
discriminación para dar paso a la verdad de lo individual, es un acto
revolucionario. Un cambio de visual desde donde nuestra profesión queda en un
accionar a disposición de un órgano de revisión, tanto de las instituciones
como de los vínculos y actos vivenciados dentro. Lugar de trabajo codo a codo
con médicos psiquiatras, y profesionales de la salud de diferentes ámbitos,
psicopedagogos, trabajadores sociales y enfermeros.
El antiguo lazo se rompe en tanto se
consideraba el hospital como un asilo, ni mas ni menos que un sistema de
control social, una medicalización que tapona con fármacos lo vital de algunos
ciclos inclusive. Hoy irrumpe la singularidad de la persona y la circunstancia,
de su familia y el respeto a prácticas psicológicas, técnicas y comunitarias,
de acompañamiento que apoyan un tratamiento y seguimiento hacia la libertad. A
partir de esta promulgación nuestra labor da un vuelco a los ojos de antiguas
concepciones sociales. La noción de salud y enfermedad está en manos de los que
éticamente nos comprometimos a investigar, a dar información validada y de los
que hablamos del ‘alma’. Así se convierte a éste en un momento histórico como
oportunidad en puerta al cambio, de una apertura que nos lleva inexorablemente
a la mejora en la calidad de vida de miles de damnificados. Al cambio de
nuestra practica desde el momento en que somos considerados ante la ley como
agentes necesarios para conformar un equipo, que en la interdisciplina podría
velar por la mejora constante de un régimen y sistema desfasado de las
necesidades y problematicas actuales.
Las nociones médicas
tradicionales nos empantanan en una realidad hostil y homogenea. ¿Cómo podría
nuestra practica darse lugar y espacio con un panorama de ese orden? La actualidad
es otro cuento, comprendiendo la diversidad, dando cuenta de que esto es lo que
nos enriquece y nos da pautas de cómo en nuestro saber diario, en nuestra
formación continua de actualización debemos mirar y ver al otro. Un distinto
que no nos da temor, si no que nos implica en un trabajo solidario hacia
diferentes coyunturas y conjeturas. Sin más apartados del grupo y puestos en
paréntesis por el desorden que implican a un sistema, más bien comienza a
conformarse una interpretación de la realidad con matices, este es nuestro
ámbito de trabajo. Las cualidades, capacidades y angustias son las que nos
forman seres sociales con la riqueza que esto implica, en la con-vivencia con otro
que refleja nuestras carencias y virtudes.
Es a los efectos de
nuestra practica el poner el diagnostico en observación, la internación involuntaria
psiquiátrica en cuestionamiento y propiciar la implementación de las nuevas reglamentaciones
en la apertura de nuevas ofertas de sanidad en atención primaria, ambulatorias.
La desmanicomializacion
como marco de referencia a una legalización de un nuevo concepto de hombre. Un
hombre que es creativo, digno en su individualidad. Un sujeto prisionero de
pasiones y capitán de historias personales y leyendas, mas allá de esto, no un
paciente, no un numero de ficha, no un loco. Una historia, y en esa su vida y
condición reflejadas en un porqué y varios para qué. Solo así y allí, creo que
es efectiva una mirada profesional. Mejor que una mirada, varios enfoques que
en conjunto también lean de diferentes modos la misma producción. Allí es
pertinente la contención y el cuidado, dejando de lado el aislamiento y estigma.
Lic. Valerie Martignon
M.P. 1250

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